Oliviera era uno de esos era, otro de los tantos, alguno de los pocos.
el había partido de su país un día porque no soportaba el olor mortecino del sudor de sus congéneres, a Oliviera le molestaba el acento de sus compatriotas, el no era feliz en su hogar, se fue con tres maletas cargadas de libros, un mazo de cartas y su mate.
conoció a la flaca un día por error, como todo con ella, esa mujer tenia la cualidad pragmática de no sucederle cosas por razones palpables, la flaca podía ganar la lotería sin recordar haber comprado el boleto, ella podía caerse sin saber como y eso a Oliviera le atraía, a el que le gustaban las películas viejas, y que solía reirse por la nariz.
ella era como la luz para una pálida e insulsa polilla
-che, que a ti te falta sustancia- solía decirle ella en susurros para luego llenarlo de besos alegando que estos le llenarían de sustancia.
la flaca caminaba a su ritmo y Oliviera era atraído con pasión y euforia a ese torbellino, siempre se sintió extraño en su vida, hasta que un día abrió los ojos y se encontró acostado junto a la flaca. ella descansaba despatillada en el colchón dejándole a el su espacio, fue así que la flaca lo había domado y amado, le enseñó cosas que solo aprendes con actos, no con palabras.
ese día 05 de algún año, la flaca sabia que el se marcaría porque ya no soportaba a la flaca, y porque la amaba mas que a nada, la flaca lo dejo marcharse porque era lo mas sensato, y el buen dios sabia que ella no era una de esas minas sensatas, pero le pareció que le debía esto a el, había roto su corazón otras tantas veces, esta vez no haría un destrozo mayor, Oliviera cerro la puerta del departamento llevándose la vida de ella, cargo con la risa y la soltura de la flaca, y ella se lo permitió, si eso lo hacia feliz, así era ella.
luego de su partida, ella se levanto, había algo que se sentía raro, la flaca se sentía una extranjera en su propio cuerpo, en su propia vida, el se había llevado su sustancia, esto ya no era ella, ya no era la flaca, volvía a ser MIRIAM como la había nombrado su madre cuando nació, se paro en el balcón y lo vio cruzar la calle llevandoselo
-epa flaco!- lo saludo el panadero cuando Oliviera paso frente a el.
MIRIAM ya no estaba en casa.
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