lunes, 30 de agosto de 2010

De MARISSA para el mundo...y II


Ayer por casualidad me fije en dos niñas en la calle, ellas estaban sentadas una frente a la otra, jugaban a aguantar la respiración, a no parpadear, jugaban a jugar. Lamentablemente comprendí que así estábamos los dos, jugando, el uno con el otro, un tira y encoje, un dime y te diré.

Jugamos inconscientemente con los demás, tu y yo jugamos, y perdimos, ya no volverán las cosas a ser igual, jugamos a no parpadear para observar fijamente al otro, para grabar cada rasgo, cada nota, y cada aliento, jugamos a grabarnos la imagen del otro, para no olvidarla jamás , instintivamente sabíamos que era un juego, pero lo obviamos.
Jugamos a aguantar la respiración mientras palabras necesarias eran dichas con dolor, palabras asesinas de cualquier felicidad, aguantamos la respiración sabiendo que a la final alguien saldría herido, nos quedamos sin aire pero igual no respiramos, sabiendo que el aroma del otro seria doloroso, seria adictivo, seria la perdición, es por eso que decidí jugar por ultimo a cerrar mis ojos, para no llorar, para no verte, para no gritar, para recordarme que la oscuridad tiende a ser más acogedora que cualquier cosa, porque ella me envuelve, me asfixia, me deja inconsciente, y me acalla, me arranca el aliento, y así ya no quedan fuerzas para gritar, para pedir tu ayuda, para llamarte, para jamás osar perturbar tu tranquilidad.

Jugué a quererte, y gane, porque te quiero.
No quiero volver a jugar, otra vez, no me interesan los juegos de nuevo, porque cuando estas tan sumido en el dolor ya no sientes nada, y no importa nada que no sea el dolor, la imposibilidad de mirar a los lados. y la impotencia de tener tan buena memoria y recordar, cada rasgo , cada nota y cada aliento, en la oscuridad proyectarte es mucho mas fácil de lo que piensas y mucho más doloroso de lo que pienso reconocer.

Gracias a dios, solo jugamos, juntos a no parpadear, a no respirar.
yo sola a cerrar los ojos para no abrirlos, a quererte para no tenerte y gane cuando perdí.

Marissa Clark.

No hay comentarios:

Publicar un comentario